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Cineclub del 27. Ciclo La imagen de la Mujer en el cine de los años 20 y 30. Proyección de la película Oriente (Where East is East, T. Browning, 1929) con rótulos en español.

Letras

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Cineclub del 27. Ciclo La imagen de la Mujer en el cine de los años 20 y 30. Proyección de la película Oriente (Where East is East, T. Browning, 1929) con rótulos en español.

La última de las diez cintas en las que colaboraron Lon Chaney y Tod Browning es también un título olvidado de los últimos tiempos del llamado cine mudo. También es un melodrama tremebundo, como poco antes lo habían sido Garras humanas o Los pantanos de Zanzíbar del mismo dúo. Al igual que en las cintas mencionadas, hay una densa trama repleta de peripecias y sorpresas argumentales que quedan resueltas en el tiempo en el que hoy apenas se han esbozado las líneas centrales de la historia. 
Situada en el sudeste asiático, Chaney en esta ocasión es un veterano cazador de fieras para circos y zoos europeos que  acepta resignado el romance de su hija con el hijo del propietario de uno de éstos. Comienzan los preparativos de boda, pero en el viaje del joven pretendiente se cruza una misteriosa dama que pone todo su ingenio en seducirlo. El endurecido aventurero se verá a obligado a afrontar la verdad sobre esa mujer, fantasma vengativo de un pasado que creía haber enterrado.
El título juega con el popular verso de Kipling  y su sentido de la fatalidad aplicado al asunto de la historia que se trata. En un argumento que desafiaba las normas vigentes  - y que pocos años después, con la entrada en vigor del Código Hays y sus estrictos requisitos,  no habría sido posible filmar –  se nos ofrece una trama de amor, intriga, desengaño y demorada venganza.
Entre los atractivos visuales de la producción no es el menor el tanque de agua (de más de setecientos metros de largo por cien de ancho) que la compañía Metro Goldwyn Mayer hizo construir para el rodaje, figurando ser un río junto a un pueblo siamés en un despliegue de medios.
Como de costumbre, Chaney pone todo su talento en la configuración de un personaje, no sólo desde el plano físico, sino en los aspectos más personales. Como en las dos cintas mencionadas las deformaciones físicas del personaje principal son reflejo de un enfermizo retorcimiento interno. De nuevo, el actor crea un singular maquillaje para el papel del cazador. No deforme como el de Quasimodo de Nuestra Señora de París, ni el Erik de El fantasma de la Ópera, pero de indudable eficacia y alcance dramáticos. El rostro surcado de cicatrices, fruto de años de cacerías, es otra de sus caracterizaciones antológicas. Dichas cicatrices eran el resultado de una compleja sesión de aplicaciones de una crema con colodión que, al secarse, tenía dolorosos resultados. Este detalle contribuye poderosamente a la crispación facial en su histrionismo interpretativo. Sus escenas con el tigre fueron cuidadosamente preparadas por Chaney que visitaba diariamente al animal, portando un filete de buen tamaño.

La película se enriquece con la fresca presencia de Lupe Vélez, legendaria belleza de trágico destino. Su contrapeso dramático como enigmática “femme fatale” lo encarna Estelle Taylor con la que hizo una gran amistad en el rodaje que le duraría hasta el fin de sus días, siendo Taylor la última persona que la vio con vida.

A finales de los años 20 del siglo pasado, Lupe Vélez era considerada una de las grandes estrellas de Hollywood. Tras un breve recorrido como estrella de revista, habiendo dejado el convento en el que su madre esperaba que profesara, debutó en el cine en 1927 con Douglas Fairbanks en El Gaucho. Con la llegada del cine sonoro destacó por su participación en numerosas comedias, bajo la dirección de profesionales del porte de D.W. Griffith, Cecil B. De Mille, Victor Fleming, Henry King  y Wiliam Wyler, entre otros. Prototipo de la mujer de origen hispano, temperamental, explosiva, revoltosa e irreverente, con un acento muy marcado que resistió el tránsito al cine sonoro y una picardía natural, disfrutó de una gran popularidad. Entre sus filmes principales se encuentran The Wolf Song (1929), Palooka (1932), Laughing Boy (1934), Hollywood Party (1934), La zandunga  (1938) y una serie de películas creadas especialmente para ella a principios de los años 1940 tituladas Mexican Spitfire. Antes de eso se había independizado, tras romper su contrato con RKO,  y haciéndose responsable de su carrera rodó algunos títulos en Gran Bretaña y su México natal. En la época, fue conocida por sobrenombres como «Dinamita Mexicana», «La Chinampina» y «Chica Chile Picante». Mujer pasional y enamorada de la vida, su vida amorosa fue muy agitada y en ocasiones tormentosa, siendo muy celosa tanto en lo sentimental como en lo profesional. Tuvo romances ampliamente publicitados con Charles Chaplin, Tom Mix, John Gilbert, Gary Cooper, Clark Gable, Errol Flynn y otros, casándose con Johnny Weissmuller cuando estaba en la cumbre de su carrera como Tarzán. Tras su divorcio, tuvo relaciones con el boxeador Jack Dempsey, el escritor Erich María Remarque y el futuro mito Arturo de Córdova con el que vivió un notable escándalo. Habiendo pasado ya su mejor momento, un último desengaño amoroso la llevó al suicidio, sola en su mansión, que conmocionó a Hollywood en plena II Guerra Mundial, episodio sobre el que circularon multitud de leyendas que aún hoy se repiten. La última persona que la vio con vida fue su amiga Estelle Taylor a la que conoció precisamente durante el rodaje de Oriente, quince años antes. Su funeral fue un acontecimiento multitudinario y hubo enfrentamientos entre antiguos amores por el privilegio de portar su féretro. Su figura ha sido objeto de libros, documentales, varios biopics y numerosas referencias en la cultura popular que van de las novelas de James Ellroy a la serie de animación Los Simpsons.

La otra dama de la cinta, Estelle Taylor, se dio conocer en cintas como Monte Cristo y Los diez mandamientos a principios de los años veinte. También interpretó a María Estuardo y a  Lucrecia Borgia en Don Juan, primer film con sistema Vitaphone que es considerado el origen del sonoro. Tuvo un espectáculo de éxito en Broadway con su marido, el campeón de los pesos pesados Jack Dempsey. Su voz de soprano superó con éxito la transición al sonoro. Entre sus éxitos de la época se cuentan la oscarizada Cimarrón y Call Her Savage con Clara Bow, vista en el Cineclub del 27 el año pasado. Jean Renoir la dirigiría por última vez, ya en los 40. Ya retirada, fundó la asociación de protectores de mascotas de California, asunto en el que se implicó a niveles oficiales. Falleció en 1958.

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